La cirrosis hepática en medios occidentales urbanos constituye la segunda causa de mortalidad en hombres entre 25 y 45 años y la tercera en los que están entre los 45 y 65 años. Determinados hábitos como las toxicomanías aumentan el número de candidatos a padecer enfermedades crónicas hepáticas si bien en los últimos años las infecciones crónicas víricas, como es el caso de las producidas por el virus de la hepatitis C, tienden a ganar protagonismo en esta situación.
Se define como hepatopatía crónica la enfermedad difusa de la glándula hepática de variada etiología en la que se detecta o sospecha que las alteraciones superan los 6 meses. El término cirrosis hepática es histológico y fue descrito hace más de 50 años por Rossle. Las hepatitis crónicas suponen también unos cambios patológicos característicos entre los que destacan los tóxicos hepáticos (alcohol), los virus de la hepatitis y el estadio final de hepatitis crónicas de cualquier causa.
La enfermedad puede presentarse en fase de cronicidad lo que suele suceder en la etiología alcohólica, o en estadios menos avanzados en las de causa vírica.
Las formas de presentación pueden ser las siguientes:
1. El paciente consulta por síntomas atribuibles a su hepatopatía ya sea por insuficiencia hepática, hipertensión portal o síntomas generales (ictericia, sangrado, edemas, ascitis, astenia, impotencia sexual).
2. El paciente está asintomático pero existen signos clínicos de hepatopatía crónica (telangiectasias, eritema palmar, hipertrofia parotídea, ginecomastia, hepatosplenomegalia).
3. Se detecta casualmente una alteración analítica hematológica (anemia macrocítica, leucopenia, trombopenia), de la coagulación (alargamiento del tiempo de protrombina, descenso del fibrinógeno), o bien bioquímica (ascenso de las aminotransferasas, LDH, GGT), alteración iónica (hiponatremia, hipopotasemia) o de las proteínas (hipoalbuminemia, hipergammaglobulinemia).
